El Día del Estudiante en pandemia: ¿Cómo afecta a nuestras juventudes?

Día de la Primavera, Día del Estudiante y de La Paz. Anualmente una fecha de celebración en las escuelas. ¿Cómo afecta esto a jóvenes entrerrianos? ¿Y a la promoción 2020?

Dormir mucho, hacer la tarea, mirar series, jugar, whatsappear, hacer videollamadas o comunicarse mediante aplicaciones con amigos, novios y familiares son las actividades que realizan a diario los adolescentes en cuarentena. Desde que el 20 de marzo el Gobierno nacional decretó el aislamiento social, preventivo y obligatorio, los jóvenes comenzaron a tener clases de forma virtual.

Al principio esto significó unas ‘vacaciones anticipadas’, un ‘descanso’ o como bien se repetía en los grandes medios de comunicación: una ‘pausa’ al año. Pero transcurridos seis meses la incertidumbre en general  preocupa y principalmente a jóvenes y adolescentes que ven que se acerca fin de año y no han concurrido a la escuela.

“Incertidumbre” la palabra que se repite

Aunque en algunos lugares se organizaron fiestas o reuniones, muchos otros jóvenes sostienen que es importante cumplir con el aislamiento; por lo que es para algunos un momento de distanciamiento más importante que para otros.

Si bien en distintas localidades como la nuestra se han habilitado ya varias actividades, la vida no ha vuelto a ser la misma para ellos. “Desde que entré al secundario veía a los chicos de 6° con sus camperas. Pensaba en cuando me tocara… El año pasado ya lo palpitábamos: estábamos pagando el viaje, diseñando las prendas de la promo, viendo salones para la fiesta de egreso. Todo el verano estuve pensando en eso”, dice Martina, una alumna del último año de la secundaria en Concepción del Uruguay.  Sus planes quedaron truncos por el coronavirus y la suspensión de las clases a solo días del inicio del año lectivo. Y su vivencia sintetiza la de muchos de los chicos de la “Promo 2020”: alumnos de entre 16 y 18 años que cursan 5°, 6° o 7° (según el distrito y si es una escuela técnica) y viven un año de egreso inédito.

Ella y Lucas, otro estudiante, ya estaban pagando el viaje y viendo salones para la fiesta de egreso. “Esto nos tiró abajo un montón de momentos que nos daban identidad como promoción”, resume Lucas.

Una visión sociológica

En general, resumen todas y todos que al principio significó algo entretenido, pero que pasado el tiempo empiezan a lamentarse no vivir la ‘Promo 2020’ como el resto de las egresadas y egresados anteriores, lo que provoca tristeza la llegada del Día del Estudiante.

En este marco, en una entrevista con La Prensa Federal, la Licenciada en Sociología Natalia Marcó, y el Licenciado en Ciencias Sociales Gastón Vaca Cardoso, ambos docentes universitarios, explican el significado de esta situación para los estudiantes.

En primer lugar hicieron hincapié en lo que significa el contexto a nivel general. En este sentido Natalia indicó: “En este contexto de pandemia por supuesto que siempre el primer análisis es que es una cuestión negativa, porque de un día para el otro a los seres humanos alrededor del mundo se nos cortó el hábito de estar en contacto con la gente querida, compartir una mesa, celebrar cumpleaños, celebrar nacimientos y acompañar en los momentos tan duros como un fallecimiento; por lo tanto son los vínculos esenciales  que se vieron truncados o suspendidos por la pandemia y eso a nadie le hace bien”.

“Después lo que sucede con nosotros es que tenemos esa parte optimista y vemos lo bueno, y tenemos la esperanza de que pronto se terminará y vamos a retomar nuestros hábitos como seres humanos: vernos, cobijarnos, atendernos, escucharnos, tocarnos las palmas de las manos y creemos que eso va a ocurrir. Entonces en definitiva el panorama general  es que significa algo negativo que debemos lograr sostener con las familias y con las instituciones de la mejor manera”, agregó.

A su vez, respecto de lo que se resiente en este contexto, Gastón detalló: “Se afectan mucho en este caso las habilidades sociales: en este caso la Juventud puntualmente porque muchas no las tienen, no las han aprendido y han quedado en pausa por la cuarentena; ese aprender se va a correr; y con ello me refieron a la forma de relacionarse con sus pares, con sus papás, con sus jefes, con sus hijos – porque algunos jóvenes tienen hijos- y creo que ahí se resienten las consecuencias de esta crisis pandémica, que hace más evidente esto”.

“Nosotros que somos docentes y tenemos contactos con alumnos. En el discurso nos damos cuenta que se está perdiendo mucho, no sólo en no poder verse sino en aprender cosas o hacer cosas que en la vida ‘común’ lo podrías hacer tranquilamente. Un ejemplo sencillo es la forma de comportarse en una reunión, en una entrevista”, ejemplificó, y puntualizó: “de todas maneras, si bien cuesta mucho digital, en las personas más adultas y de otra generación somos más análogos digitales  y los jóvenes tienen la ventaja de entrar en un mundo laboral como sea pero en un mundo digital y van a tener habilidades distintas a las nuestras”.

-¿Qué diferencia notan desde el principio de la cuarentena a esta parte?

Natalia: – La otra vez conversábamos y me di cuenta que había dejado de contar los meses. Me encontré diciéndole a otra personas: ‘porque en estos tres meses…’ y me corrigieron y me dijeron: ‘vamos 6’… Y sucede que al inicio de la pandemia nosotros, al igual que los más jóvenes o los más niños decíamos: ‘bueno es negativo pero ya termina’ porque venía a cuenta gotas: un mes, 20 días más.

Y esto que se haya alargado en el tiempo se volvió algo más negativo. Porque a hoy, lo que hay de cierto aparentemente de aquí  a fin de año es lo incierto. Por lo tanto, ninguna persona para poder desarrollarse, puede hacerlo en un panorama incierto. La incertidumbre no hace bien a nadie.

Lo que preocupa ahora es pensar en pasar la Navidad con barbijo, el verano y ni hablar quienes trabajan en todo se rubro.

Gastón: – Lo que observo yo también y no es solo un capital de los adolescentes sino de todo grupo etario es que empezamos con miedo. Al principio la sensación era esa y se cumplía a raja tabla el control. Y como todo los casos no aparecían y eso empezó a hacer que fuéramos relajándonos, pero es la responsabilidad individual entre todas las cuestiones y eso va siempre relacionado a cómo han sido educados o están siendo educados los adolescentes. Si son conscientes del daño que pueden causar, van a tomar ciertas medidas para que no se propague el virus. Eso viene de su casa y no hay forma de que cambie. Hay sectores donde este aprendizaje se ve roto y ahí si hay que apuntalarlo desde el Estado y de sus pares. Instituciones, clubes, entre otros.

-¿Y cómo les afecta a jóvenes y adolescentes esta falta de estos espacios como la escuela?

Natalia: – La educación Argentina, sin decir ninguna cosa nueva, está en crisis hace mucho tiempo, porque tiene un modelo educativo antiguo que no contempla incorporación de tecnologías y eso le propone al adolescente un mundo bastante aburrido en líneas generales. En lo particular hay docentes que hacen un esfuerzo enorme para mejorar e incorporar este mundo. Sin embargo, pese a esta crisis la Escuela como institución forma parte de la intimidad del adolescente. Y cuando alguien piensa en la intimidad piensa en el vínculo familiar, sí. Pero en la Escuela quienes frecuentás son tu familia porque con ellos estás vinculados todo el tiempo; y cuando se podía ir a la escuela era tu familia que te recibía, teniendo vínculo con tu maestra, con tu profesor, con tus compañeros y compañeras. Es tan necesario ese contacto físico que ofrece la Escuela, y que hoy no lo tienen. Por lo tanto es negativo no ir a la escuela en esta situación.

Vos escuchás algunos papás que te dicen que la pasan re bien en este contexto porque duermen más, porque descansan, pero es importante la rutina, que si bien tiene mala prensa  nos hace bien. Por sobre todas las cosas ojalá vuelva la presencialidad a la escuela y a las universidades.

-¿Y qué hay de aquellos que esperaban celebrar los rituales del último año?

Natalia: – ¡Qué importantes son los rituales! ¿Por qué? Vas a por ejemplo bautizar a una hija, y la verdad que no es nada que ver que sea de manera virtual, si solamente pueden ir a la Iglesia los papás y el bebé, por decirte un ritual. Otro es el de acompañar a familiares de alguien que fallece: el ritual de acompañarlos durante la noche en el velorio, acompañar a la mañana siguiente con flores, ir al cementerio; y eso no tiene punto de comparación con hacerlo de manera virtual; en esto también se ve muy afectada la persona que se está por recibir del secundario.

Hay un esfuerzo impresionante de los directores y docentes que conocemos que tratan de no bajar los brazos y estar cerquita, reemplazando lo físico por lo virtual. Así que seguramente de algún modo se festejará virtualmente, pero eso no va a reemplazar nunca nada; hasta la preparación de la vestimenta, el organizar qué parientes vienen, cuáles no y todo ese desorden en la vida cotidiana se tiene que dar, por lo que nunca se van a olvidar este año y cómo lo vivieron. Lo mismo los niñitos que ingresan a la escuela a primer grado que ellos sólo conocen hoy una maestra virtual, la tarea que hacen en la casa y nada más, nada que ver a lo que le espera cuando vaya a la primaria como la conocemos.

-¿Cuáles son los principales desafíos entonces para adolescentes y familias en este contexto?

Natalia: – Si hablamos de lo que sucede hoy, esto que detallamos es un diagnóstico, y como tal hay que superarlo. ¿Y cómo lo superamos? Trabajando en proyectos de vida: acercarle proyectos de vida alrededor de lo que le guste a los jóvenes, en lo laboral, en lo familiar, o en estudiar. Preguntarles a ellos que quieren y acompañarlos. Siempre acompañarlos.

Gastón: – Que los gurises se sientan incluidos y encuentren los espacios para estar incluidos. Que no se pongan frenos a ellos mismos. Y los adultos trabajar en la aspiración a la vida adulta en los adolescentes: nosotros le vendemos a la juventud que está mal ser adulto, que es feo, que es aburrido y ellos van a comprar eso.

-¿Y qué hay del trabajo emocional para con adolecentes?

Natalia: -En líneas generales diríamos que queda mucho trabajo en pandemia. Trabajo con las juventudes; porque desde hace décadas – y esto estudiado desde las ciencias sociales- hay una abdicación a la responsabilidad de enseñar. ¿Y a qué se refiere? A que desde cerca del año 2000 a esta parte hubo un incremento en la cantidad de casos de los adultos que quieren parecerse a los jóvenes: no ejercer la autoridad, decir ‘aprendé como puedas yo soy igual que vos’, no generar reglas… Y eso ha provocado a la juventud muchos problemas pre pandemia. Así que hoy es un momento en pandemia de resarcir esta situación y retomar como adultos la obligación de educar.

Y los adultos tienen la responsabilidad de educar y deben retomar ese compromiso, sobre todo en la emocionalidad. En el marco de la liberación sexual que viven adolescentes  y jóvenes hay una sobrevaloración del placer, y en torno a ello los vínculos se vuelven descartables, lo que genera heridas afectivas profundas en las personas. Genial que disfrutes tu ocio, tu tiempo libre, de tus vínculos, pero siempre con responsabilidad.