Entrevista especial: Los Iracundos y su estrecha relación con La Histórica

En una entrevista con Héctor “Yuyo” Benítez, La Prensa Federal repasa la historia de Los Iracundos a 60 años de sus primeras presentaciones. Además, un recuerdo al fuerte vínculo de este grupo de fama internacional con nuestra ciudad.

Héctor “Yuyo” Benítez.

El 10 de octubre se cumplieron 60 años de la primera actuación de Los Iracundos en el Teatro “Florencio Sánchez”, escenario histórico de Paysandú. En ese entonces se denominaban Blue Kings, y su gran capacidad artística rápidamente los llevaría a probar suerte en localidades cercanas. A comienzos de la década del 60, el vínculo de la ciudad uruguaya con sus pares entrerrianas era la Balsa, ya que aún faltaban varios años para que el puente internacional fuera una realidad.

“En el año 1962, Los Iracundos vinieron a alojarse en nuestro Residencial Fiuri, en la época se llamaban Blue Kings. A partir de ahí nos hicimos amigos, yo tenía 15 años y ellos 18 aproximadamente. En el año 1964 pasaron a llamarse Los Iracundos, y luego ya es historia conocida”, afirmó Benítez.

Así llegaron Los Iracundos a Concepción del Uruguay y pararon en la residencial familiar de los Benítez: “Ellos vivían en una pieza para 3 y los demás vagaban y dormían donde podían. En un momento, volvieron a Montevideo a decidir si estudiaban o se dedicaban completamente a la música, y menos mal que se inclinaron por la última”, cuenta entre risas el popular Yuyo.

Los Iracundos en el Fiuri.

“Después de decidir por la música, los contrata la Agencia Artística Argentina para llevarlos a Buenos Aires, y les cambia el nombre a Los Iracundos, junto con la ropa que usaban, y en el hotel al que fueron, estaban otros artistas como Piero, Flaco Falcioni, y Rollo Puente, era un lugar importante”, repasa.

En lo que respecta a la relación de Yuyo y algunos amigos forjados en ese tiempo, señala: “Nosotros íbamos a Buenos Aires a visitarlos y nos juntábamos. Y así empezaron Los Iracundos. Luego del 1966 ya tienen otro representante que es Cacho Valdéz, y ahí empiezan a hacer giras por todos lados conmigo, ya como amigo y cada tanto, como percusionista y en los coros”.

“Hicimos miles de kilómetros en Argentina en mi Falcon, hasta que un día nos bajamos en Tucumán y tuve que abandonarlo porque viajábamos muy incómodos. Sinceramente, era amistad pura. Viajamos a países como Perú, Colombia, Ecuador, y demás. Hoy, luego de tantos años, todavía no dimensiono el éxito que tuvieron”, agregó Benítez.

Siguiendo con esta línea, indicó que “le gustaba a la gente porque era música sencilla, mucho baile, espectáculo. Por ejemplo, en Córdoba en esos años desde los 60 hasta los 80, no entraba nadie de otras provincias –o en este caso, países-, solamente Los Iracundos. Tocaban exclusivamente artistas de cuarteto y originales de la misma Córdoba. Todo el interior amaba a Los Iracundos, era increíble”.

Además, hizo hincapié en la admiración de la gente: “Hicimos una gira junto con Leo Dan, subía al escenario y la gente se tiraba al piso de la adoración por él y por Los Iracundos. Leo era muy creyente de las curanderas también, y le llevaban cosas para bendecirlo a él y Los Iracundos. Había 30.000 personas para verlos, era impresionante”.

Los Iracundos.

“Eduardo Franco, quien era el vocalista, hacía todos los temas, el único que por ahí lo ayudaba en la pieza era Juan Bosco, el guitarrista. Y cuando Eduardo quería darle crédito, él nunca lo aceptó”, detalló.

En este sentido, añadió: “Cuando llega la oportunidad de ir al Festival de Viña del Mar en Chile, Eduardo tituló a una canción ‘Puerto Montt’ cuando en realidad era ‘Puerto Amor’, para congeniar mejor con el público en el show. Ese era un puerto pescador, y fueron y tocaron ahí. La gente se enloqueció con eso, porque era un lugar pequeño. Un éxito rotundo ese show”.

“Juan Carlos Velázquez es el único que sigue vivo. Cuando tocó acá en la Plaza me pidió que cante Puerto Montt, y para mí fue un honor. Canté con ellos en Búfalo y en Rivadavia cuando no estaba más Eduardo, su cantante. Acá en Argentina, ellos llegaban a pueblo por pueblo y los recibían todos. Era increíble”.

Bosco, quien fue amigo íntimo de Benítez, “vivió acá en Concepción del Uruguay. Una de sus razones fue porque se hizo amigo mío, como un hermano, y vivía en Fiuri. Venía de la gira conmigo, imagínate. Su primer auto, en realidad, lo compramos juntos, una Cross Country, y la cambiamos por un Falcon”.

En el mismo orden, recuerda: “Estaba tan involucrado con mi familia que hasta trabajó en la instalación de la alta tensión en la Residencia, compramos una lancha, íbamos a pescar. Luego se puso de novio, se casó acá e hizo su vida”.

Según Benítez, “para Los Iracundos, Concepción del Uruguay fue su base. Tenían una habitación permanente con instrumentos en nuestra residencia. Acá arrancaron con guitarras y bajos ECO de Italia, y cambiaron a Fender en el 66, luego de ir a Estados Unidos”.

Estados Unidos, dólares y un mar de problemas

En relación a esto último, Benítez recordó una de las anécdotas más insólitas de Los Iracundos: “Cuando fueron a comprar los instrumentos, tenían 18 años, por lo que no sabían del todo como funcionaba el mundo, cada uno llevó aproximadamente 3.000 dólares”

“En una casa de música importante allá, cuando eligieron y sacaron la plata a pagar, los echaron a patadas y llamaron a la policía, porque se manejaban con tarjeta, no querían plata, pensaban que alguna persona que los vea, los matarían a ellos y al que atendía. El que los llevó a la tienda, quiso poner su tarjeta pero tampoco le daba el fondo. Hablaron con la Embajada, hicieron miles de trámites, para que puedan comprar con tarjeta porque efectivo no se usaba”, contó entre risas.

En Guayaquil

Finalmente, Benítez volvió a remarcar la importancia de Los Iracundos en Latinoamérica: “ellos tuvieron un éxito bárbaro en Ecuador. Tocamos en todos lados casi un mes entero. Era tanta la popularidad, que, en el diario de Guayaquil, cerca del 79 salió el título ‘lo único comparable con The Beatles’, y que en esa época te digan algo así era impresionante”.