Sociedad 27/08/13

LITURGIA 
Hoy, martes de la vigésima primera semana durante el año, se lee una carta de San Pablo (1 Tesalonicenses 2,1-8) en la que el apóstol dice que predica la Buena Noticia procurando agradar a Dios y no a los hombres; y el evangelio de San Mateo (23,23-26) en el pasaje donde Jesús condena la hipocresía de quienes pregonan una virtud que no practican. 
 
SANTORAL 
Santa Mónica La madre de San Agustín nació hacia el año 331 en Tagaste, pequeña ciudad del norte de África, hoy Argelia, el año 333. Cuando Agustín era un adolescente, Mónica quedó viuda. Su mayor dolor era contemplar cómo Agustín transcurría por el camino de la herejía y de una vida desordenada, influenciado por las costumbres de la disoluta Roma.
 
Hizo grandes esfuerzos para convertirlo pero al ver su impotencia oraba y lloraba amargamente. «Noche y día mi madre oraba y gemía con más lágrimas que las otras madres derramarían junto al féretro de sus hijos», escribió San Agustín en sus «Confesiones». Finalmente Agustín se convirtió y llegó a ser uno de los santos más grandes de la Iglesia. Santa Mónica, modelo de madre buena y cristiana, murió en Ostia, puerto de Roma, el año 387. 
 
San Cesáreo, obispo Fue el principal prelado de la Galia del siglo VI. Durante cuarenta años gobernó la diócesis de Arlés, en Francia. Por su rectitud y santidad de vida su fama trascendió las fronteras de su país, por lo que el Papa lo nombró delegado apostólico en las Galias. Fundó monasterios y presidió varios Sínodos, el más importante de los cuales fue el de Orange (529) donde se pronunció contra varias herejías de la época. Fue llamado el «verdadero maestro de la Galia franca». Murió el 27 de agosto del año 543.