“Yo creo sobre todo en la simpleza”

“Yo creo sobre todo en la simpleza” El bandoneonista, Konex de Brillante, asegura que el arte es trabajo y voluntad de comunicarse. Lamenta que hoy sus colegas se peleen por mostrar quién toca más extraño. “Yo creo sobre todo en la simpleza”

No son tantos los músicos argentinos contemporáneos que tienen la trayectoria y el prestigio de Dino Saluzzi. Con 80 años, el bandoneonista salteño sigue en plena actividad y acaba de ser premiado con el Konex de Brillante, destinado a la personalidad más relevante en su actividad en la última década. Este año, el prestigioso sello alemán ECM editó Imágenes-Music for Piano, un disco con composiciones de Saluzzi para piano que interpreta Horacio Lavandera. Y entre los planes del artista para este año aparece un show que se llevará a cabo el 6 de diciembre en la sede de la Fundación Konex. Siempre atento y reflexivo, el músico –que a lo largo de su extensa carrera trabajó con Charlie Haden, Al Di Meola y Egberto Gismonti, entre otros– charló con PERFIL sobre su trabajo: “Yo entiendo que los artistas son los sacerdotes de la civilización –sostiene–. En el arte hay civilización porque no hay ni partidismo político ni preferencias religiosas. Lo que hacen las grabadoras para vender es otro asunto. El arte es laburo y deseo de comunicarse. Conozco muchos artistas proselitistas: músicos de derecha, de izquierda o de centro. ¿Cómo se explica eso?”.

—¿Qué rol ha ocupado en su trabajo la intuición?
—Hay un solo conocimiento, como dijeron Pascal y Schiller: la intuición. Lo demás es informe de la academia, instrumento, herramienta, fórmula. Pero la verdad está dentro de uno. Y aprender a sacarla es la misión. Una vez que uno entiende la verdad –como la inevitable muerte, por ejemplo–, deja de pensar en cosas triviales.

—¿El virtuosismo tiene alguna importancia para usted?
—No soy un virtuoso, empecemos por ahí. Pero no hay dos maneras de hacer las cosas. El virtuosismo se puede admirar, puede causar asombro. No está mal que un tipo sea un equilibrista del bandoneón. Es una elección. Pero yo elijo instintivamente. Con la música no se puede mentir. Escuchás la obra de alguien y te das cuenta de qué clase de persona es. Si el músico usa un lenguaje esotérico, un lenguaje para asombrar, para convertirse en Batman o el Capitán América, uno se da cuenta de que le quieren meter el perro, que lo subestiman. Hoy los bandoneonistas se pelean para ver quién toca más rápido o más extraño. Pero lo importante es otra cosa: yo creo sobre todo en la simpleza.

—¿Su música no está destinada a un público específico?
—Cuando subo al escenario me olvido del público. Siempre fue así: toco para mí y para los músicos que están tocando conmigo. Eso hace que no especule con mis cosas, que respete a los que vienen a verme. Porque les doy lo mejor que tengo y les doy también mis falencias, mis errores. Les muestro mi verdad. Todavía me avergüenzo de mis obras, sé que no puedo escribir lo que quiero. Pero no lo puedo remediar. Lo primero es ser honesto con uno mismo. Si uno va a tocar para que el público lo aplauda, ahí hay una gran mentira.