A 143 años del nacimiento de un orgullo de los uruguayenses: Asociación Educacionista “La Fraternidad”

Una sorpresiva resolución Las instancias de crisis como las que vivimos en el presente – ante la emergencia sanitaria internacional – , suelen paralizarnos y angustiarnos, pero también logran extraer lo mejor de cada uno. Ante este marco de situación, el ingenio y el coraje hacen aparición, sorprendiendo inclusive hasta al mismo protagonista de lo que puede ser capaz. Algo similar ocurrió en aquellos difíciles años a los que debieron hacer frente quienes conducían el internado del ilustre Colegio del Uruguay “Justo José de Urquiza”, el cual en su condición de establecimiento estatal, comenzó a experimentar las duras medidas financieras ejecutadas por el gobierno nacional del entonces presidente Nicolás Avellaneda.

Era por entonces rector del Histórico, Clodomiro Quiroga. En Concepción del Uruguay – capital de Entre Ríos por entonces –, el gobernador Ramón Febre deja sin efecto las concesiones becarias para los internos del Colegio hechas por cuenta de la provincia. Sin embargo, los beneficios de la Nación y de particulares continuarían. Pero la previsible y temida jornada no tardaría en llegar. Ello ocurrió el 14 de septiembre de 1878, cuando el Ejecutivo Nacional dispone por decreto la “supresión definitiva del internado en los colegios nacionales.” Con el cierre del internado, muchos estudiantes carenciados y de procedencias lejanas, quedaron en una situación desesperante. Ante esta circunstancia un grupo de jóvenes alumnos del Colegio lanzó la iniciativa de crear una sociedad educacionista de ayuda para los estudiantes de escasos recursos.

Sentían el deber de mantener encendida la llama que iluminaba ese solar desde el 28 de julio de 1849. No podían resignarse a verla extinguirse en parte. Como los valientes samuráis de la rebelión de Satsuma, en aquel mismo año de 1877, quienes emprendieron la desafiante lucha en las lejanas tierras niponas, pues no se resignaban a ver extinguido su noble servicio, estos valientes estudiantes, no permanecerían inmutables, de brazos cruzados, viendo quedar atrás la obra que había comenzado Justo José de Urquiza para el bien de tantos jóvenes. La comunidad toda de Concepción, al enterarse de tan conmovedor y desafiante proyecto no dudó en sumarse a la causa. Se trataba de un proyecto justo y noble: la educación, el pilar que jamás debe descuidar una nación, ni mucho menos el Estado, para no ver comprometido su futuro.

La mañana del lunes 14 de mayo de 1877 despunta en Concepción del Uruguay para pasar a convertirse en una de las páginas más inolvidables y emotivas de su historia. El entonces Teatro 1º de Mayo, meca de la cultura uruguayense, fue el mudo testigo de una congregación de vecinos pocas veces vista hasta entonces. Luego de las palabras iniciales del Sr. Barroetaveña, quien explicaba las razones de aquella reunión, el Sr. Arteaga felicitó en su discurso la iniciativa de los estudiantes. Aquella convocatoria terminaría con la conformación de una Comisión que presidiría los primeros trabajos de la Sociedad, la cual fue presidida finalmente por el Sr. Zubiaur (futuro rector del Colegio entre 1892-1899). El objetivo: reinventar el internado y dar continuidad al sueño de tantos jóvenes de seguir estudiando en la “Histórica”. La instalación de una casa propia para los internos fue una de las necesidades más urgentes.

Entre los archivos de la Sociedad existen constancias de que en el transcurso de los añosse ocuparon por lo menos dos casas antes de la construcción del edificio propio. Se llegaron a emitir bonos o acciones, los cuales llevaban la imagen del Dr. Alfredo Parodié, distinguido presidente de los tiempos más difíciles de la institución. Luego, se iniciaron gestiones con la Municipalidad de Concepción del Uruguay a fin de obtener la cesión de un terreno para que se levantara el edificio. El municipio concedió la manzana comprendida entre las actuales calles 8 de Junio, Ugarteche, Posadas y Erausquin. El 29 de febrero de 1888, presidiendo la Sociedad el Dr. Alberto Ugarteche y durante su rectorado se colocó la piedra fundacional, dándose luego comienzo a la edificación del recinto. El 10 de diciembre de 1889, don Máximo Álvarez y don Andrés Parodié tomaron posesión de la casa en nombre de la Sociedad Educacionista “La Fraternidad”.

Entre las tantas almas benefactoras Si recorremos las instalaciones de la hoy querida “Frater”, encontraremos alguna que otra referencia y homenaje en cuadros y bustos a tantos benefactores de aquellas primeras horas de esta noble institución, algunos de los cuales hemos mencionado. Entre ellos, cabría mencionar especialmente al lujanense Alberto Ugarteche, quien se radicaría en nuestra ciudad con sus hermanos Francisco y Manuel y quien llevaría adelante una inolvidable labor como profesional de la salud de esta institución, consagrando muchas horas de su vida en beneficio de “La Fraternidad”. Muchosson los testimonios que aluden haberlo visto transitar las calles de nuestra ciudad en horas de la tarde, recorriendo los domicilios de familias pudientes con la finalidad de solicitar contribuciones para la obra iniciada aquel histórico 14 de mayo de 1877. El 13 de agosto de 1890, el Dr. Ugarteche fallecía a los 40 años de edad.

En su sepelio, amigos y colaboradores pensaron en perpetuar con su nombre y apellido en una de las calles de nuestra ciudad, solicitud que fue elevada al entonces intendente Rafael Paradelo. En el cementerio local, las palabras de despedida de Juan Franckemberg, quien habló en nombre del Colegio del Uruguay, resumen su accionar benefactor. “…del deber supo hacer un apostolado y del trabajo una delicia. Para los pobres y desamparados el Dr. Ugarteche fue más que médico, fue su amigo y benefactor…” “No obstante actividad tan grande, supo nuestro amigo, para decirlo así, aumentar el tiempo precioso de que disponía, para dedicar sus servicios desinteresados a todas las sociedades de beneficencia y sobre todo a nuestra Sociedad Educacionista que constituye unas de las glorias de nuestro floreciente y próspero Uruguay: “La Fraternidad”.

Altiva y construida sobre las bases sólidas, se ostenta hoy la generosa obra y las generaciones futuras citarán con veneración y respeto el nombre del Dr. Ugarteche, que fue el principal sustentáculo y el obrero abnegado e infatigable de una institución que servirá de modelo a todos los pueblos de la República Argentina.”

(Mallea, Lorenza – Bochetti, Luis R. “Apuntes para la Historia de la Fraternidad” página 68. C. del Uruguay. 1977)

Palabras de gratitud que bien podrían estar destinadas a los tantos que hicieron y hacen en favor de esta prestigiosa institución que enaltece y es orgullo de Concepción del Uruguay en nuestro días.

Lic. Prof. José A. Vernaz
CENTRO CULTURAL JUSTO JOSÉ DE URQUIZA