“La vida es bella y fea a la vez”

“La vida es bella y fea a la vez”

El italiano interpreta al obeso Falstaff en el Teatro Colón. Considera que Buenos Aires es muy limpia, y recuerda el lazo entre la Argentina
e Italia.

“La vida es bella y fea a la vez”

Comida, bebida, mujeres, diversión y bromas pesadas son algunos de los ejes que recorren Falstaff, la última obra de Giuseppe Verdi, y que tienen ahora un intérprete que da perfectamente con el physique du rôle. Se trata del barítono italiano Ambrogio Maestri, quien llega por primera vez al Teatro Colón. Las últimas funciones, con dirección musical de Roberto Paternostro y dirección de escena de Arturo Gama, con escenografía e iluminación de Juan Carlos Greco y vestuario de Aníbal Lápiz, serán hoy y el martes.

Maestri se destaca por su físico corpulento, distribuido en casi dos metros de altura, y un gusto por la buena cocina que lo ha llevado incluso a abrir su propio restaurante en Piazzale San Giuseppe, en su ciudad natal de Pavia. Claro que no se ha convertido en el Falstaff de las principales producciones operísticas del mundo sólo por sus talles de camisa y pantalón, sino por su voz sobresaliente que fue destacada y bendecida por Riccardo Muti en 2000, cuando lo eligió primero para La forza del destino y, luego, para consagrarse en este papel del caballero inglés obeso.

—¿Qué importancia tiene para usted el personaje de Falstaff?
—Fue mi revelación con el maestro Muti. Me hizo conocer en el mundo entero. Ya lo hice unas 230 veces. Mi estado de ánimo influye sobre las diferentes puestas en escena: a veces lo hago más divertido, a veces más serio, si bien no es una ópera divertida en lo absoluto. Todos creen que es una ópera “buffa”. Lo que sucede es que Verdi ha escrito todos dramas y Falstaff es la más divertida de sus óperas, pero es siempre Verdi. El personaje se ha convertido en una parte de mí. Después de tantas indicaciones que he recibido en las diferentes régies, llevo de gira conmigo prácticamente el mismo personaje a todos los teatros del mundo.

—Para ser Falstaff, ¿es necesario ser corpulento?
—El físico para el personaje es importante, pero no indispensable. En la historia, hubo muchos Falstaff fantásticos que se hicieron una panza con almohadones. Para construir el personaje no basta con ser alto, o gordo, o tener panza. Sobre todo, se necesita un barítono con potencia vocal, porque la orquestación es muy intensa, casi “a lo Wagner”.

—La obra es de 1893. ¿Qué nos dice hoy?
—Falstaff es como todas las personas: agradable cuando está comiendo y entre mujeres, y desagradable cuando es molestado. Pero vive momentos muy dramáticos. En el inicio del tercer acto, lo tiran al río, con riesgo de morir, y él se queja de que no hay respeto por las personas ancianas. Hoy es la misma cosa, no ha cambiado nada. Pero luego él llega a la hostería y todo cambia: en una buena mesa y con un buen vino, reconoce los placeres de la vida. Falstaff viene a decirnos que hay que prestar atención y respeto a las personas ancianas porque los viejos son simplemente los jóvenes que han vivido la vida antes. La vida es bella y fea a la vez. El alma humana es siempre igual.

—¿Cómo percibe al Teatro Colón y esta producción?
—El Colón es un teatro muy importante y bellísimo. Esta producción es muy clásica, con vestuario variado y abundante. Lo que más me sorprendió fue descubrir, cuando llegué al Teatro Colón, que los trajes me quedaban muy bien y los zapatos eran comodísimos, ¡cosa que nunca sucede en el mundo! Aquí tienen la italianidad, saben cómo trabajar en teatro: he encontrado un teatro prácticamente italiano.

 

Mi Argentina querida

En esta primera vez de Ambrogio Maestri en Buenos Aires, así vive la ciudad: “En estos días he comido tanta carne, tan buena. ¡No debería! ¿Pero cómo puedo hacer? Me la dan… Pero no sólo he visto restaurantes, sino que he visto un poco la ciudad, el centro. La he percibido como una ciudad muy limpia. En cambio, de gira estuve en San Pablo, Brasil, que está cerca y es América Latina. Pero aquí es diferente: he encontrado una ciudad europea, no sabía si estaba en Alemania, parece París…”.

La mirada de Maestri también abarca a toda la Argentina: “En Italia conocemos mucho a la Argentina por todo lo que pasó durante la Guerra Mundial. Muchos italianos se fueron a la Argentina porque en Italia no había qué comer. Para un italiano, la Argentina es reconocida como un pueblo amigo. Ahora estamos en un mundo con comunicaciones más fáciles, todo parece más cercano, pero en 1940, 1950, llegar de Génova a Nápoles, y luego hacer un viaje de treinta, cuarenta días hacia lo desconocido, y luego encontrar un país acogedor… Ahora a nosotros nos sucede algo similar y debemos hacer algo parecido, porque llegan personas escapando de la guerra en Siria, llegan de Africa, llegan en barcos y barcazas, de a 400 o 500 por vez”.