No pasa nada, pasa de todo

No pasa nada, pasa de todoFrancescoli vs. Ramón; la absolución de Fernando de la Rúa; la pareja de Icardi-Nara y la inundación de La Plata. No pasa nada, pasa de todo

“En mi curioso ayer –contesté–, prevalecía la superstición de que entre cada tarde y cada mañana ocurren hechos que es una vergüenza ignorar”Jorge Luis Borges (1899-1986); de ‘Utopía de un hombre que está cansado’; ‘El libre de Arena’ (1975)

No hay fútbol, no hay programas, todo es archivo, repetición, aburrimiento. Nada. Los medios deportivos hacen lo que pueden y especulan con lo que, descuentan, será una tensa convivencia entre Ramón Díaz y Francescoli, el nuevo mánager de River, sobre todo teniendo en cuenta la pésima relación que tuvieron como técnico y jugador. ¿Rumores de pases top a un club argentino? Nadie lo creería. Todo es segunda selección. O nada.

Lo mejor, lejos, fue el paso de comedia que terminó con la absolución de Fernando de la Rúa –nuestro Chauncey Gardiner– en la causa por las coimas en el Senado. Inocente. Como Banelco Flamarique, el hombre dice “odiar inconmensurablemente” –impresiona la frase, de verdad–, Pontaquarto, el villano arrepentido; el inteligente Santibáñez y un elenco estelar de honorables senadores. Bonito momento para todos ellos.

Ojalá me equivoque, pero intuyo el mismo destino brumoso para la bien documentada investigación que denunció la complicidad entre dirigentes, barras de River y policías, para la reventa ilegal de entradas; operatoria que, por cierto, se repite en otros clubes. Cada tanto cae algún par de perejiles y cargan con la culpa, sí; pero eso solo garantiza impunidad para los verdaderos dueños del negocio. Todos vimos esa película y siempre tiene el mismo final. Ganan los malos.

El vacío de fin de año se parece mucho a los aeropuertos, esos no-lugares donde el tiempo parece detenerse. Demasiadas horas para pensar; bostezos, angustia, la vista perdida en los Smartphones. Cerrar un diario en estos días de sequía es una tortura. Mucho balance del año, las mejores fotos, muertos célebres, brindis de famosos, rejunte de casos… Uf.

Sin embargo, ¡ops! Siempre aparece algo. Una noticia se tapa con otra nueva en la era de la inmediatez. Pero todo está ahí. Persiste. Nada desaparece, como antes.

¿Alguien se acuerda de la terrible inundación de La Plata? Bueno, en La Plata sí, y mucho. Fue el 2 de abril. Aún hoy puede verse allí, más de ocho meses después, la marca que dejó el agua. Una línea oscura, difícil de limpiar, con evidentes restos de petróleo. Y entonces uno se pregunta, después de tantos meses sin una explicación, ni soluciones para los que lo perdieron todo: ¿Cuánto tuvo que ver el incendio de la destilería de YPF en Ensenada y la decisión de cerrar las compuertas de un canal que pasa por el interior de la planta y sigue por la ciudad, para evitar una catástrofe aún mayor? ¿Nada? ¿Mucho? ¿Algo? Misterio. Ni siquiera se sabe cuanta gente murió.

La protesta de los vecinos de Tolosa se diluye en la pantalla de la tele; se mezcla con los inundados de Cabildo y Blanco Encalada, los avisos de campaña, Fort, los saqueos post huelga policial, los barrios sin luz, la ola de calor y, ahora, la eufórica caravana rumbo a la costa atlántica para iniciar las vacaciones. Todo se diluye en la sobredosis de información. Es el Síndrome Tweeter: poco, mucho, nada.

Y hablando de la nada, permítanme –piedad, no se indignen– hablarles de la pareja de Mauro Icardi –chico de buen pie y escasa sesera que apenas vi jugar pero debe ser bueno para llegar al Inter con 20 años– y ese involuntario homenaje al célebre tema de Sumo llamado Wanda Nada. Más que ellos, es obvio, me interesa el fenómeno que provocó su noviazgo ultramediático. Las críticas no solo estallan –es extraño– por la tenaz estupidez de su, digamos, estilo de comunicación; sino por la vigencia de un dogma masculino barrial que se resume, críptico, en la palabra “código” y se explica así: “La mina de un amigo tiene bigotes”. Mmm… Vamos mal así, muchachos. Porque si nos obligamos a verla bigotuda quiere decir que nos gusta, ¿verdad pillines? La precaria fantasía esconde, para ser piadoso, dos cosas: el deseo reprimido y una convicción, al menos, endeble. Háganme caso: véanlo en su análisis. Lo ignoro todo sobre Maxi López y su divorcio. Pero si se trata de adultos –al menos en la cédula–, cada uno tiene derecho a elegir, y hacerse cargo de sus decisiones, sobre todo cuando hay hijos. Y ya.

Este sainete me recuerda al caso de los dos compañeros que compartían zaga en un club grande y uno de ellos, por infiel, resultó poco menos que lapidado públicamente. ¿Su pecado? “Robarle” la mujer al otro. Sí, como si fuese un auto, un lavarropas, una mesa de pool. Pocas veces la figura de una mujer fue tan cosificada, tan convertida en objeto. Siempre me llamó la atención que nadie –tampoco una mujer– pensara un instante en su deseo, en tanto ser humano.

Ojo: no pretendo defender ni atacar a nadie; no hablo en términos morales, sobre lo que está bien o mal. No juzgo. Me detengo en lo humano; en el deseo; o el amor incluso, si lo hubiere. Sus colegas del plantel exigieron la salida del traidor y eso aceleró el final de su carrera. Dura lex. No es éste el caso del joven Icardi, pero en Milan igual están muy preocupados por su imagen, quieren que el chico reflexione, la corte con la pavada y se concentre en lo suyo: la pelota.

Hace rato tenía ganas de escribir sobre este tema. No lo hice antes para no arrojar más sal en la herida de nadie y, últimamente, para no sumarme a otra polémica absurda: la que envolvió a Marcelo Tinelli y Guillermina Valdés.

Extraño tiempo éste, el de los últimos días del año, vacíos en apariencia, pero llenos de sorprendentes disparadores. Como cuando uno llega a una sesión de psicoanálisis sin saber qué decir y resulta que, de pronto, surgen las cosas más interesantes, las frases que hablan más y mejor de uno.

Parece que no pasa nada y pasa de todo, ¿no? Solo hay que saber ver.

Feliz año para todos.

 

Esta nota fue publicada en la Edición Impresa del Diario Perfil