Sociedad 27/04/14

DIOS ES VIDA

 

2ª domingo de Pascua
«los pecados serán perdonados a los que Uds. se los perdonen… » ( Jn 20, 19-31) Hoy, una semana después de la gran solemnidad de la Resurrección de Jesús, el Evangelio nos narra las dos apariciones de Jesús Resucitado a sus discípulos; ambas en el mismo lugar donde habían comido la última cena. En ambos casos, Juan resalta el hecho de que estaban con las puertas cerradas, lo que no fue obstáculo para que Jesús se les apareciera, con su cuerpo ya glorificado. Los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. De la tristeza y miedo en que estaban sumidos, por temor a los judíos, ahora se llenan de alegría, su Maestro no los había abandonado, ni la muerte pudo con El.

 

Después de saludarlos reiteradamente deseándoles la Paz (el habitual saludo hebreo), Jesús sopló sobre ellos trasmitiéndoles al Espíritu Santo, y les confió el poder y la responsabilidad de perdonar los pecados, en nombre de Dios: «los pecados serán perdonados a los que Uds. se los perdonen…» Fue la primera Misión que Jesús les encomendó a los Apóstoles, después de su Resurrección. De este modo dejó a su Iglesia ( es decir a todos los creyentes) este sacramento admirable del Perdón de los pecados, que también llamamos sacramento de la Reconciliación, la Confesión, de la Misericordia Divina. Dios confía a los hombres que El ha elegido, la «administración» del propio perdón divino; sin este signo no podríamos tener la certeza de que Dios nos perdona.

 

Sólo seríamos concientes de nuestro arrepentimiento, pero necesitamos experimentar, en vivo, el perdón de Dios. En este, como en los demás sacramentos, está presente Jesús mismo, porque ha resucitado, y está vivo. Es por eso que hoy celebramos la Fiesta de «Jesús Misericordioso», que siempre nos espera para perdonarnos. Y a pesar de esto, cuántos hay que no buscan el perdón en la Misericordia de Dios. ¿Será porque no confían en ella (como Judas), o porque la soberbia los endurece, y se quedan en su pecado? La Misericordia Divina es infinita, porque es la manifestación de Dios Amor, un Amor infinito. Como se lo reveló a Sor Faustina, Jesús se nos muestra con esta imagen de Misericordia, como una última «tabla de salvación»; qué más podríamos pretender de Dios, que padeció, murió y resucitó para que, convencidos de su infitinito Amor por nosotros, nos decidamos a tomar el camino del bien, es decir la Salvación.

 

Pero El conoce nuestra fragilidad, y por eso nos anima a confiar plenamente en su Misericordia, siempre dispuesto a perdonarnos, tantas veces cuantas recurramos a El, arrepintiéndonos de nuestros pecados. Cuánta «tranquilidad» nos da el saber que Dios nos perdona. De ahí la paz y la alegría de Pascua. Este es también uno de los motivos por el que El Papa Francisco ha decidido canonizar a Juan Pablo II. y a Juan XXIII, que fueron dos Papas apóstoles de la Misericordia Divina. Celebremos el Amor y la Misericordia de Dios, como lo hicieron ellos, y démosle a Jesús la «alegría de perdonarnos».

Con afecto, Parroquia Santa Teresita